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La increíble tecnología del video en 360 grados sobrevolando un volcán en erupción

Qué tecnología tan impresionante la que nos ofrece National Geographic al sobrevolar la erupción del volcán Kamchakta. La manera en que uno acomoda el iPad y/o el cursor determina el ángulo de visión del volcán, captado en tomas de 360 grados. Una nueva forma de mirar el mundo a través del video. Supongo que en los próximos años está tecnología será cada vez más común. La realidad virtual en todo su esplendor. Sorprendente.

 

La montaña sagrada, o el blanco sueño de la Mujer Dormida (crónica de un ascenso por el Iztaccíhuatl)

Iztaccíhuatl

En el México prehispánico, la cosmovisión de los pueblos indígenas consideraban lugares sagrados a los cerros, montañas y volcanes, pues representaban a los tlaloques, creadores de las nubes, la lluvia, el granizo y los rayos. Lugares llenos de misterio donde se conjugan lo maravilloso y lo terrible -las dos condiciones de lo sagrado desde la perspectiva de Mircea Eliade-. Lo mismo nos regalan hermosos paisajes que historias tristes con olor a muerte. Subir la montaña es un acto sagrado porque es una metáfora de la vida.

Para ascender a las alturas, cerca del sol, se tienen que vencer muchos desafíos: el cansancio, la escarpada orografía, lodo, arena, frío, viento, filosas rocas, resbaladizo hielo, barrancos mortales, el mal de altura… Para ascender al cielo, allá donde nacen las nubes, es necesario dominar el cuerpo y la mente. Hay que mantener la concentración en cada paso, respirar profundo y sin desesperarse, mantenerse tranquilo ante la adversidad, pues para caer por el precipicio hace falta apenas una ligera distracción, un paso en falso. Aunque el tiempo y el andar de los viajeros haya hecho surcos en el suelo y marcado ciertas rutas, cada quién es libre de decidir su camino, la manera en que habrá de alcanzar la cima tomando en cuenta sus propias fortalezas y debilidades. Subir la montaña es conocerse a sí mismo, poner a prueba sus propios límites.

Apenas este fin de semana tuve oportunidad de ascender al Iztaccíhuatl. Una experiencia inolvidable, tras casi 14 horas continuas de un extenuante esfuerzo físico y mental. Finalmente, Rockberto Velasco supo cómo convencerme para decidirme a subir la tercera cumbre más alta de México. Mis pretextos financieros no funcionaron.

-¿Vas a dejar de vivir la aventura de tu vida por varo?

El cuestionamiento fue tajante. Rara vez me niego a participar en una nueva aventura, y menos aún por cuestiones de dinero.

-Tienes razón, qué pendejo soy. Chingue su madre, ¡sí voy!- respondí sin darle más vueltas.

Conseguir el equipo necesario para el ascenso representó un reto, pero nada del otro mundo. Todo lo demás se fue dando de manera natural, sin forzar nada. Me preocupaba hacer el ascenso tras dos días de mal dormir y un pronóstico de un frío de -7 grados centígrados en la cima de la Mujer Dormida. Las estrellas tiritaban pese al incandescente resplandor de la ciudad. Al levantarme para iniciar el recorrido, a las 2:20 de la madrugada, apenas sentía los dedos de los pies. Fue solo hasta tomar la vereda e iniciar el recorrido cuesta arriba ayudado por una linterna, que el cuerpo comenzó a desentumirse, a liberar energía y emitir calor. Llegar hasta la rodilla del Iztaccíhuatl representó todo un reto. La expedición se quedó a dos horas de alcanzar la cima en los pechos de la Mujer Dormida, luego de que una densa capa de niebla amenazara con poner en riesgo la vida de los compañeros del grupo al emprender el regreso por una escarpada y rocosa ladera habitada de cruces e historias de muerte. Algunos montañistas relataron que en una ocasión, tres escaladores oriundos de Guadalajara perdieron la vida luego de que una cerrada niebla los obligara a acampar en la cima. Uno de ellos murió de hipotermia. Los otros cayeron al precipicio ante la nula visibilidad que facilitaba perder el camino y llegar a desfiladeros imposibles. En la vida como en la montaña, hay que tomar decisiones. Decidimos no arriesgarnos innecesariamente y emprender la vuelta a pesar de quedarnos con las ganas de recorrer la blanca piel de esa esa princesa de roca que sueña el regreso de su amado, y alunizar en sus pechos, la cumbre más alta. En el prematuro fin de nuestro camino no hubo lugar para la frustración. La conciencia estaba tranquila. No teníamos que demostrarnos nada más a nosotros mismos. La prueba había sido superada, aún cuando el regreso de casi cuatro horas hasta nuestro campamento en La Joyita, a las faldas del volcán, fue otra dura prueba de paciencia.

Aprendí mucho de mí mismo a lo largo del trayecto, fluir como un río en medio del abatimiento emocional, la pesada carga de vivir a contracorriente, vagar desnudo por los impredecibles corredores de la existencia.

La montaña es una metáfora del hombre. Adentrarse en la profundidad de la montaña es adentrarse en lo profundo del hombre, escalar la montaña es escalar la espiritualidad del hombre. La montaña me enseñó que la cumbre es solo un lugar de paso. Tras el ascenso viene el efímero goce viene la bajada. Tocar el cielo para regresar a casa con otros ojos, otra forma de mirar al mundo. La montaña lo cambia a uno. Lo mismo deja cicatrices que recuerdos felices. Desde siempre, el ser humano ha sentido una fascinación secreta y misteriosa por escalar altas pendientes, incluso a costa de su propia vida. Será que las montañas se parecen tanto a los hombres. ::.

Acenso al Iztaccíhuatl-39
Popocatépetl de noche

El espectacular paisaje del Nevado de Toluca

Hace unos días tuve la oportunidad de dar una vuelta por el Nevado de Toluca, en el Estado de México. A mis 30 años, conocí la nieve. Un paisaje alucinante de nieves, nubes y mucha luz. Aquí algunas panorámicas de ese memorable día. Un espectacular paisaje. Todas las fotos están disponibles en mi sitio de Flickr. Dale click a la foto para verla desplegada en alta resolución.

Nevado de Toluca

Nevado de Toluca

Nevado de Toluca

 

De cuando la Piojomanía tomó por sorpresa al mundo

Nunca nadie en la historia del futbol había gesticulado tanto un gol como el Piojo Herrera. Quién hubiera podido predecir que aquel jugador temperamental de estrambótico peinado, que defendió los colores del Atlante y aquel mítico Toros Neza de mediados de los 90, le terminaría arrebatando los reflectores a Neymar y compañía en su propia casa. La Piojomanía se volvió global en menos de una semana.

La intensidad con la que vive cada partido desde el límite de su área técnica, batiendo las manos como torbellino o revolcándose con sus jugadores (literal), ha dejado absortos a los medios mundiales que incluso han calificado al estratega tricolor como “lo mejor del Mundial”. La impavidez del entrenador croata Niko Kovac solo sirvió para acentuar el contraste con el bullicioso entrenador mexicano. No en balde, su peculiar manera de festejar se ha convertido en una de las estampas más memorables del Mundial de Futbol Brasil 2014.

Populachero y carismático, Herrera es un auténtico volcán, como atinadamente lo definió la BBC. El nuevo antihéroe de la cultura popular mexicana, afirma El País. Un güero de barrio capaz de cautivar a todo una nación con su talento en el banquillo y su manera de desenvolverse frente a los micrófonos. El mismo que colecciona trajes Armani y Hermenegildo Zegna y prefiere jugar echado hacia adelante antes que especular con el empate. Su éxito ha sido tal, que incluso parece haber eclipsado el gran desempeño de sus jugadores durante el máximo torneo del balompié mundial. Las imágenes del Piojo inundan el internet y las redes sociales, lo mismo ataviado de supersayayín que desgarrándose las vestiduras arriba de un ring al estilo Hulk Hogan. Un mito viviente que va escribiendo su historia al chingadazo, como buen mexicano.

La euforia con la que vibra el estratega del Tri resulta casi una ficción en una época donde la alegría desbordada sobre el terreno de juego suele ser castigada con tarjeta amarilla. En un juego donde la efectividad pareciera ser más importante que sonreír, la sola presencia de Miguel Herrera en el banquillo de la Selección Mexicana representa un atentado contra la moral hipócrita con la que se manejan los señores feudales del futbol. Quizá de ahí provenga el inusitado frenesí que ha desencadenado este peculiar personaje. Su manera de festejar cada gol como si fuera el último, le ha recordado al mundo que además de un negocio, el futbol también puede ser algo divertido, apasionante.

Nadie sabe con exactitud cuánto tiempo durará la Piojomanía. Mucho dependerá de lo que México consiga frente a Holanda. En la vida como en el futbol, las predicciones resultan inútiles. Nadie puede saber lo qué pasará el próximo domingo. La única certeza es que el Piojo Herrera hará erupción, gane o pierda. Lo mismo puede acabar mentándole la madre al árbitro en un espectáculo bochornoso que dando vueltas de regocijo sobre el césped. Es impredecible. Habrá que estar preparados para disfrutar lo inesperado. De esas historias que sólo pueden contarse cada cuatro años en un Mundial de Futbol.

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