A los jóvenes del mundo

 

¡Jóvenes,
el mundo es suyo!
el mundo es nuestro
y hay que estrujarlo,
háganlo pedazos,
achichárrenlo,
sacúdanlo,
denle un par de zapes
para que despierte,
háganlo estremecerse,
péguenle estampas,
decórenlo con dibujos,
escríbanle poemas
y canciones,
abrácenlo,
cuídenlo,
ámenlo,
porque el fiero mundo
en que vivimos
requiere de amor y de cuidados
como si fuera una planta,
pues en el mundo que habitamos
no caben todos, tristemente,
y por eso habremos de hacerlo
habitable para todos,
un mundo donde quepan
los pobres,
los hambrientos,
los que luchan,
los que sueñan
los que cantan,
los que ríen,
los que cultivan la tierra,
un mundo donde quepan
todas las personas
y todos los seres terrestres
que pueblan el mundo,
los árboles,
bichos de todos tamaños,
el cielo transparente,
el mar infatigable,
la dulzura del río
y la dura montaña,
la elocuencia del viento….
así es, jóvenes,
el mundo no espera
y nosotros tampoco
podemos seguir esperando,
porque el mundo son ustedes
y somos todos,
es el corazón hecho palabras,
es el silencio que lo dice todo
cuando se atora en la garganta,
es escuchar la tierra que respira,
es dialogar con los muertos
y bailar con los espíritus,
es enamorarse al compás de la luna,
caminar miles de kilómetros
con los sueños siempre dispuestos,
pues para habitar este mundo inhabitable
habremos de sembrar esperanza,
cultivar los afectos
y hacer germinar la empatía,
cultivar los amores imposibles
en este mundo tan lleno de odio,
este mundo hostil y deslumbrante,
caótico y sereno,
rebelde y armonioso,
¡así es, jóvenes!
hay que secarse las lágrimas
y enjuaguarse el alma
porque el camino es largo,
hay que dejar de lamentarse
y empezar a moverse,
entrenarse en el arte de la palabra,
hacerse fuertes
y dejar que florezca el corazón
para que el mundo palpite
en otros colores y otros ritmos,
¡así es, jóvenes!
hay que tener fe
en que el mundo tiene remedio
y en que habremos de remediar
todos los dolores del mundo
con una canción,
repartiendo abrazos y esperanza,
pues el mundo es sueño
y los sueños, mundos son.
::.

Calcomanía

 

Vestidos de rojo
dos corazones con frío,
heridos de muerte,
teñidos de olvido,
las certezas son pocas,
las dolencias son tantas,
es el sabor de tu boca,
amarga y lejana,
como la hierba mojada
y las flores moradas
que brotaban de pronto
en la fresca mañana,
oh soñolienta embriaguez
de tus piernas soleadas,
se dilatan mis ansias
de besos con sangre,
se dilatan mis ganas
de lamerte la oreja
y descender con la lengua
sobre tus pechos furibundos
de mujer y de pantera,
descender y descender
para extraviarme por siempre
en la negra selva
de tu pubis silvestre,
eran mis ganas de romperte
en un gemido,
eran tus ganas
de beberte la noche
en mis venas,
estabas radiante y desnuda,
delirantemente sofocante,
irremediablemente encendida,
como un temblor en el alma,
oh placentera agonía
que cortabas por dentro
como un suspiro,
como la vida derramada
sobre la noche solitaria
y fulminante, diambulando
en el sueño prohibido
de tus labios pasajeros
que fueron cediendo
en la sed de saberte
lejana y susceptible
como un naufragio,
como la espuma de las olas
sobre la arena,
un cielo estrellado
escurriendo en el limbo
de la polvorienta memoria,
una canción resoplando
en la colmena,
un poema vagabundo
entre los árboles,
una estación de tren
varada en medio del otoño,
una calcomanía de mi boca
adherida a tu boca
de besos muertos.
::.

La unidad nacional no se construye por decreto: se construye cuando nos ponemos en los zapatos del otro

Suena el teléfono. Es mi madre. “Mijo, vamos a la marcha del domingo”, me dice de pronto. La propuesta me toma por sorpresa. Mi madre nunca ha sido de ir a marchas. Es más, nunca en su vida ha ido a una sola marcha. Pero de pronto, en medio de esta efervescencia tan propia de estos tiempos convulsos, se escucha emocionada de salir a la calle para expresar lo que siente frente a la difícil situación que vive el país, el mundo entero. Me dice que mi tía, que tampoco ha ido nunca a una marcha, también quiere ir. “¿Sí vamos?”, me pregunta con insistencia. Le digo que sí, vamos a la marcha pues, aunque sinceramente no tenía la menor intención de asistir a una marcha cuyos objetivos reflejan la enorme confusión que vivimos a diario, la misma confusión que explica la profunda crisis que padece México.

Por un lado, los grupos que convocan a la movilización, señalan que el objetivo principal de la movilización denominada #VibraMéxico es “manifestar nuestro rechazo e indignación ante las pretensiones del Presidente Trump, a la vez de contribuir a la búsqueda de soluciones concretas ante el reto que ellas implican”. Lo paradójico, es que muchas de las organizaciones y grupos convocantes son los mismos que provocaron la actual crisis que ahora vivimos, al apostar por un proyecto político y económico de corte neoliberal que no ha hecho sino profundizar la desigualdad entre clases sociales, lo cual ayuda a entender la profunda división que existe en México. De ahí que revistas como Letras Libres o Nexos, y un buen número de organizaciones civiles identificadas con las políticas libre mercado, hayan convocado a marchar contra Trump. No en balde, la iniciativa surgió precisamente de un programa de debate realizado en Televisa, por recomendación de dos de los intelectuales del actual régimen: Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín. Casi tan absurdo como ver a una organización como Coparmex convocar a marchas cuando los grandes empresarios de este país han recibido enormes privilegios fiscales y jugosas ganancias mediante la precarización de las condiciones de los trabajadores, como ocurrió con la reforma laboral, por ejemplo. O que los grupos que históricamente han apoyado medidas neoliberales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte promuevan ahora un discurso nacionalista que hasta hace poco calificaban de populista y retrógrada. De ahí el absurdo que, aquellos que con tanto ahínco han celebrado la privatización del sector público y la llegada de inversión extranjera vía las grandes trasnacionales, hagan ahora un llamado a defender la apedreada soberanía nacional. En resumen, resulta por demás contradictorio que aquellos que se han beneficiado con el actual desastre de país en que vivimos, ahora convoquen a protestar contra la ruina de país que ellos mismos llevan años promoviendo, al mismo tiempo que estos grupos cupulares que antes calificaban a un personaje como Andrés Manuel López Obrador como un “peligro para México”, digan ahora que es la mejor opción para el país. Casi tan absurdo como entregar los recursos estratégicos a intereses extranjeros para luego reprochar la alta dependencia de México a la economía estadounidense, tal como ha ocurrido con el gasolinazo ocasionado por la liberalización de los precios del combustible.

Del otro lado se encuentran los sectores que han denostado y criticado a la marcha como una maniobra de la derecha para frenar una transformación profunda del país. Un sector más identificado con la izquierda que le reprocha a las clases acomodadas su falta de congruencia a la hora de convocar a la unidad nacional ante la amenaza Trump. Esto, aún cuando dicho sector ha sido incapaz de siquiera expresar una dosis mínima de empatía por la profunda crisis humanitaria que vive México ante un proyecto político y económico en el que las clases dominantes se han valido de medios legales y coercitivos de toda índole para promover el despojo, el exterminio, la marginación y la pobreza como una forma de ejercer su dominio sobre los sectores sociales más vulnerables. De ahí que el reproche de la izquierda sea precisamente ese: ¿dónde estaban estos grupos que ahora piden la unidad nacional, cuando nosotros hemos sido masacrados, humillados y reprimidos? ¿Por qué nunca alzaron la voz cuando violaban a nuestras madres, asesinaban a nuestros hermanos o desaparecían a nuestros hijos? El reclamo de la izquierda puede traducirse de ese modo: ¿con qué derecho piden unidad aquellos que nunca se dolieron con nuestro dolor, aquellos que nunca demostraron la más mínima empatía por nuestro dolor? ¿Por qué el dolor de los ricos sí sale en la tele y el de nosotros es brutalmente silenciado en el olvido? ¿Por qué habríamos de luchar por aquellos que nunca han luchado por nosotros? ¿Por qué cuando los ricos convocan a marchas acaparan todos los reflectores mientras nuestra voz se ahoga irremediablemente en la más repugnante indiferencia? ¿Por qué habríamos de sumarnos a la causa de quienes han promovido nuestra miseria? ¿Por qué habríamos de marchar junto a aquellos que intentan mantener sus privilegios a costa de nuestro sufrimiento?

Ambas posturas expresan diferencias de clae que explican la profunda fractura social que padece México, un país dividido por 30 años de políticas neoliberales que no han hecho sino hacer más profunda la desigualdad entre ricos y pobres, entre patrones y empleados, entre capitalistas y asalariados, gobernantes y gobernados, blancos y morenos, fresas y nacos, juniors y chairos. Y aunque es cierto que dentro de estos dos polos existen muchos matices ideológicos en el medio, esta polaridad ideológica permite entender el ambiente de encono social que a su vez explica la debilidad del Estado mexicano y fenómenos como la epidemia de violencia que padecemos hace más de una década.

Por eso resulta aún más absurdo que nuestra deleznable clase política, plagada de arribistas, cínicos y sinvergüenzas de la peor calaña, quieran aprovechar la amenaza que representa Donald Trump para convocar a la unidad nacional mientras sus acciones siguen promoviendo todo lo contrario. Es justo lo que pasa en estos momentos con la manera en que la clase política busca aprobar la Ley de Seguridad Interior pese al evidente repudio de dicha medida por parte de académicos y organizaciones civiles que han sido burdamente ignoradas por los mismos canallas que llaman a la unidad nacional, como si la unidad nacional pudiera darse por decreto o imposición, como si les hubiera importado un carajo la unidad nacional cuando aprobaban sus reformas pese al repudio de la mayoría, como si a los próceres de la corruptocracia les hubiera importado una chingada la unidad nacional al convertir la desgracia de millones en jugoso negocio, como si la unidad nacional les hubiera valido un pito a la hora de hacer negocios privados con el patrimonio nacional.

Yo por mi parte, he de confesar que este asunto de la marcha del domingo 12 de febrero me deja con sentimientos encontrados. Tengo amigos y conocidos que nunca han ido a una marcha y quieren participar, quieren gritar, experimentar qué se siente tomar la calle por primera vez para protestar por aquello que está mal. Y tengo también muchos amigos que, al igual que yo, llevamos años sobrellevando la frustración de marchar y marchar sin que nada mejore, viendo cómo todo se va a la mierda lentamente y teniendo que soportar las quejas estúpidas de aquellos que, lejos de estar dispuestos a realizar un mínimo sacrificio para mejorar al país, vociferan una y otra vez contra aquellos que toman las calles para tratar de cambiar las cosas.

Y en estos momentos de confusión, me queda claro que más allá de que uno pueda asistir a la marcha o no, las cosas en México no cambiarán mientras no hagamos un esfuerzo por ponernos en el lugar del otro, mientras no nos duela el dolor del otro, mientras no nos importe lo que pueda pasarle al otro. La empatía con el otro es lo único que podrá salvarnos y ayudarnos a construir la anhelada unidad nacional. Que los muchos dolores desparramados sean uno solo. Que las muchas tristezas se conviertan en una sola tristeza, la tristeza de todos. Buscar similitudes en nuestras muchas diferencias, vernos reflejados en el rostro del otro, reír con la risa del otro, llorar con el llanto del otro, abrazarnos mutuamente. La unidad nacional no se construye con retórica barata, ni mezquindades, ni rencores. La unidad se construye cuando hacemos un esfuerzo por entender al otro, y nos damos cuenta que en el fondo somos iguales, porque nos duelen las mismas cosas, porque a nadie nos gusta senitrnos solos, ni sentirnos tristes, y todos queremos reír y sentirnos libres y sentirnos completos y sentirnos amados. En el fondo todas las personas buscamos las mismas cosas, a pesar de venir de contextos sociales diferentes. Y la única de hacer empatía es ponerse en el lugar del otro, tratar de ver con sus ojos, sentir con su corazón. La unidad del espíritu sólo puede ser posible cuando un alma es capaz de reflejarse en todas las almas, y una persona es capaz de ser todas las personas, cuando el amor por una persona puede convertirse en amor por todos los seres y todas las cosas, darse cuenta de que nuestras diferencias no son sino una mera ilusión, porque todos compartimos un mismo origen terrestre y todos habremos también de morir llegada la hora. La unidad es cobrar conciencia de que no estamos solos, desprenderse del odio para sumergirse en el misterio, el milagro de la vida que nos desgarra por dentro y nos ayuda a mirar con otros ojos: el maravilloso arte de amar al otro sin justificación alguna. Amar al otro más allá del odio. Sólo entonces, cuando seamos capaces de entender eso, seremos merecedores de compartir también la alegría.
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Dragones de la mitología universal

Los dragones son una constante en el imaginario de culturas antiguas de todo el planeta. Serpientes voladoras que lo mismo reparten bendiciones que desolación. Una belleza de creaturas fantásticas.

El periodismo peleonero

Después de ver la película Truth (Conspiración y poder, según le pusieron en Netflix), sobre la salida de los periodistas Mary Mapes y Dan Rather de la CBS luego de que el sistema se les vino encima por investigar a George W. Bush, confirmo algo que ya sabía: los periodistas de investigación tenemos algo de peleoneros.

Enfrentar al sistema requiere agallas. El periodismo no es una profesión apta para cobardes, por una sencilla razón: el miedo nunca podrá dialogar con la verdad. Vencer el miedo y atreverse a decir la verdad, requiere coraje, arriesgarlo todo en cada historia, en cada párrafo en cada palabra. No hay otra forma de dar la pelea contra la ignominia, la mezquindad, la podredumbre humana que privilegia a unos pocos a cambio del sufrimiento de millones. Hay que dar la pelea, siempre. No se trata de ejercer una simple profesión. Se trata de asumir postura frente a la vida.
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Un poema solamente

Sonó la rockola
y apareciste de pronto entre canciones,
lejana y transparente
como un recuerdo,
una ligera brisa de la noche intempestiva
y me salió de pronto un poema sin destinatario,
una bocanada de canciones
entre el humo del cigarro
y tus lindos ojos negros
que miraban desde la otra orilla del alba,
apenas un poema que salió de pronto
sin saber de dónde
y llegó volando hasta tu cuarto,
a la soledad de los cuerpos a la deriva,
y brillabas entre el frío,
a la luz de otros navíos que también
naufragaban sin remedio
a la luz de la farola,
en el azul remanso de la calle
que se filtraba por los poros,
fue un poema solamente,
sobriamente insoportable,
tibiamente indiferente,
un poema solamente,
que llegó volando hasta tu cama,
reptando entre el sueño, la embriaguez y la vigilia,
un poema solamente,
que nada calla, que nada dice,
un poema solamente,
que nada oculta y no resiste.
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El nacionalismo trasnochado de la derecha mexicana

Si hubiera existido un ápice del nacionalismo chafa que ahora pulula en México en los más de 30 años de neoliberalismo ortodoxo que hemos padecido en este país, México no sería tan vulnerable a los caprichos de un fascista como Donald Trump.

Si los que ahora se desgarran las vestiduras, no hubieran sido cómplices y sostén del régimen corruptocrático y vendepatrias que se vive desde los sexenios de Salinas de Gortari, Zedillo, Fox, Calderón y Peña, la catástrofe no sería de este tamaño. Ahí están las consecuencias del bipartidismo de derecha, impulsores de aquel famoso “pacto de impunidad” no escrito entre las miserables élites político-económicas que administran la desgracia de millones para su propio beneficio.

Los que destruyeron este país se envuelven ahora en la bandera nacional ante la amenaza Trump. Pero la debilidad del Estado mexicano no la provocó Trump. La provocaron las élites mafiosas que privatizaron todo. Los que acabaron con los derechos sociales, abarataron los salarios y el empleo en nombre de la competitividad, sólo para beneficiar a las empresas extranjeras. Los que apoyaron la militarización del país para tratar de construir la legitimidad que no pudieron obtener en las urnas y detonando una crisis humanitaria sin precedentes. Los aplaudidores que celebraban con bombo y platillo las reformas estructurales que “salvarían” a México.

Ahí están las desastrosas cuentas que entrega el bipartidismo de derecha que ha gobernado México desde 1988 y que explican la actual crisis política, social y económica que padecemos, ante la pérdida de soberanía nacional y un “libre mercado” que sólo ha servido para enmascarar el saqueo de los grandes capitales trasnacionales que lucran con el sufrimiento de millones de personas que a diario padecen los efectos de la pobreza, la inseguridad, la falta de justicia, las violaciones sistemáticas a la dignidad humana.

En lugar de tirarse al suelo y decir tanta estupidez frente a las cámaras, los próceres de la derecha deberían tener un poquito de vergüenza, dar la cara y rendir cuentas por el desastre de país que nos tiene a merced de un psicópata como Trump, capaz de desatar una guerra mundial por mera egolatría.

::.

La profecía de Manuel Castells sobre la llegada de Donald Trump

Donald Trump jura como presidente de Estados Unidos
Algunas claves para descifrar el presente

De cuando uno se topa con claves para entender el presente, tal como me ocurrió al leer Globalización e identidad, un texto publicado por Manuel Castells en 2010:

“En el momento en que el Estado se ve privado de una fuerza identitaria que sostenga su difícil maniobra en el mundo de la globalización, ese Estado trata de relegitimarse volviendo a llamar a su gente, es decir, a su nación; pero esa nación, en muchos casos, ya se ha separado del Estado y cree que no está siendo representada”, afirma Castells.

Desde esta luminosa perspectiva, puede entenderse mejor la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos. El golpe al establishment estadounidense se dio precisamente en esos términos. Basta revisar el discurso de Trump en su toma de posesión para comprender la manera en que el tipo apela a la “nación” que ha sido olvidada ante un proceso de apertura global donde las amenazas vienen de fuera o son producto de la globalización del mercado: los migrantes mexicanos, China, el TLCAN.

Si me sorprendió la manera en que Michael Moore profetizó la llegada de Trump desde el verano pasado, me sorprende aún más la manera en que Castells profetizó este fenómeno, cuyas causas aborda en otro texto reciente donde resalta algunos logros de la administración Obama. Y justo ahora que estoy leyendo El mito del Estado de Ernst Cassirer, no cabe duda de que las raíces mitológicas del imaginario popular juega un papel fundamental en lo político. Y lo que falta.

::.

Los Simpsons, maestros de la cumbia

Quién diría que la familia de Springfield tendría tal sabor pa cantar cumbias. No sé a quién se le ocurrió esto, pero es una maravilla.

 

 

 

 

 

El robo de libros

Llegué a mi casa y habían robado todos mis libros. El ladrón había dejado una nota, mofándose de aquello. Por más que trataba de hacerme a la idea del desapego y esas cosas, la angustia y la ira me despertaron. Todo había sido un sueño. Supongo que siempre es difícil desprenderse de aquellas cosas donde uno deposita el alma. Y eso puede resultar problemático cuando uno tiene el alma tan promiscua, tan predispuesta a dejarse caer en tanta absurda querencia a la menor provocación.
::.

El infinito es misteriosa finitud

 

Dejar morir todas las certezas
es adentrarse en el misterio,
abandonarse al vacío de la existencia,
es sumergirse en un profundo mar de dudas,
es deslumbrarse y aterrarse también
por aquellas fuerzas que no entendemos
y no podemos controlar,
pues en todo destino hay algo de azar,
como los colores que sueña un árbol
o la manera en que baila el agua
al compás de la música del mundo,
es el misterio de lo sagrado que se revela
en una bocanada de plegarias sordas,
es la infinitud del universo que respira
en la tibia finitud del corazón.
::.

Las cosas diminutas

 

No tengo rima ni canto,
se me ha secado la voz
rumiando querellas
en tus pechos comestibles.

Hubo que escribir muchas horas,
muchos versos, muchas veces,
para llegar a la cumbre
de aquella desolada montaña.

Hubo que cruzar muchos ríos,
muchas voces, muchos días de enferma locura
para poder dialogar con las aves.

Desterrado para siempre
de ese páramo sediento
de tus negros ojos soñolientos
planté un selvático jardín
de fresas dulcemente furibundas.

Hay que hacerse las preguntas correctas,
pues el modo de preguntar lleva ya la respuesta,
de la misma forma en que los sueños
llevan ya tatuado nuestro destino terrestre:
es la magia de las cosas perennes.
::.

El gasolinazo y la pesadilla del neoliberalismo a la mexicana

GASOLINAZO.jpg

La liberalización de los precios de la gasolina evidencia los estragos de un modelo económico al que México apostó su futuro y hoy está en declive ante el triunfo Trump y el Brexit.

El gasolinazo provocado por la liberalización de los precios de los combustibles es el último capítulo de la pesadilla neoliberal mexicana que lleva 30 años desarrollándose en nuestras narices. Una pesadilla que cobra nuevas dimensiones ante la derrota en la escena internacional del proyecto neoliberal al que México apostó todas sus canicas, empeñando el futuro de una generación entera que ahora se ve forzada a pagar los platos rotos.

Fue a mediados de los años 80 cuando los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña, entonces comandados por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, impulsaron una serie de medidas económicas para los países en desarrollo a través de organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sentando así las bases del proyecto neoliberal.

La receta del éxito, según los neoliberales, se basaba en tres puntos clave: privatización de las empresas públicas, el fomento del libre comercio y la desregulación de los mercados. Esto, con el fin de que el Estado interviniera lo menos posible en los asuntos económicos. Recomendaciones que en buena medida, explican el actual incremento a los precios de la gasolina.

No pasó mucho tiempo para que México adoptara a rajatabla dicho modelo económico. Tras la privatización de los bancos y otras empresas durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, el gobierno firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con la promesa de generar crecimiento económico atrayendo inversión extranjera, impulsando las exportaciones y generando empleos bien pagados. Cosa que nunca ocurrió, toda vez que México desmanteló la industria nacional para convertirse en un país maquilero e importador, arrojando un saldo negativo de la balanza comercial ante el poco valor agregado que genera el modelo maquilador.

Las cifras son contundentes, ya que los mexicanos perdieron el 80% de su poder adquisitivo de 1987 a 2016, duplicando los niveles de pobreza, al pasar del 31% en 1994 al 62% en 2015 según datos del Banco Mundial. Al mismo tiempo, la implementación del modelo neoliberal en México trajo consigo el surgimiento de un selecto grupo de multimillonarios beneficiados por las privatizaciones, tales como Carlos Slim (Telmex), German Larrea (Grupo México), Alberto Bailleres (Grupo Peñoles) y Ricardo Salinas Pliego (Televisión Azteca), cuatro de los 30 empresarios más ricos del país cuya fortuna supera los mil millones de dólares.

Desde entonces, el gobierno mexicano no ha dejado de señalar a diversos “factores externos” como los culpables del estancamiento económico, mientras los cómplices del oficialismo tratan de ocultar la manera en que la implementación del proyecto neoliberal convirtió a México en un país particularmente vulnerable a los caprichos de los mercados internacionales.

Pero a pesar de que con el paso de los años existe cada vez más evidencia sobre los efectos negativos del modelo neoliberal en México, en 2014 el gobierno de Enrique Peña Nieto —valiéndose de un discurso tramposo en el que incluso se aseguraba que Lázaro Cárdenas estaba a favor de la privatización, que por momentos hacía recordar aquella máxima incluida en la novela 1984 de George Orwell sobre la manera en que “quien controla el presente controla también el pasado”—, impulsó la reforma energética aprobada por el PRI y el PAN, cuyo propósito era privatizar la industria petrolera que para ese entonces sostenía una tercera parte del presupuesto anual del país.

De este modo, la codiciada renta petrolera mexicana terminó formando parte del proyecto neoliberal por acuerdos entre los partidos políticos, pese al evidente rechazo de la ciudadanía.

A pesar de que la reforma energética significó cumplir con uno de los mayores anhelos de los tecnócratas neoliberales en México, lo cierto es que la industria petrolera ya venía experimentando una privatización silenciosa a través de las empresas privadas de Pemex que conforman el Grupo PMI, que desde finales desde finales de la década de 1980 hasta 2014 manejó con total discrecionalidad los recursos obtenidos por las exportaciones e importaciones de petróleo crudo y sus derivados, incluyendo la gasolina.

Una práctica inspirada en un modelo de negocios en Pemex basado en la exportación de petróleo crudo, que dejó en el olvido la planta industrial con la que contaba el país, incluyendo refinerías y el sector petroquímica. Y por absurdo que parezca, ahora somos un país importador de gasolina proveniente de Estados Unidos y otros países. Una metáfora de lo que ha sucedido con la economía mexicana a más de dos décadas de la implementación del modelo neoliberal.

A más de dos años de distancia, sobra decir que la reforma fue un rotundo fracaso, tal como lo evidencia la virtual quiebra de Pemex, el desmantelamiento de las refinerías que trabajan al 38% de su capacidad, el desabasto de combustible en al menos 10 estados o el incremento de 20% en el precio de la gasolina, y los incrementos en las tarifas de luz y gas.

Mientras el Secretario de Hacienda, José Antonio Meade, asegura que el “libre mercado” de la gasolina fomentará la “competencia” del sector, lo cierto es que dicho aumento tendrá efectos adversos en el aumento de la inflación y hará aún más compleja aquella “película de terror” a la que hizo referencia el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, para describir el negro escenario económico que se vislumbra en 2017.

Y todo esto, en medio de el derrumbe del neoliberalismo con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea vía el Brexit, dos países donde las políticas de libre mercado cedieron a las presiones de una derecha proteccionista cuyo triunfo representa un duro golpe para los tratados de libre comercio. Un proyecto neoliberal al cual México apostó su futuro y que junto con los altos niveles de corrupción e impunidad que padece el país, han ocasionado un presente incierto y desolador para una generación entera de mexicanos.

¿A quién habremos de pasarle la cuenta del desastre de país que nos han dejado?

::.

Entender la guerra en Siria, la derrota del neoliberalismo y el nuevo orden mundial

Proyectos de infraestructura, descontento social, potencias metidas de lleno en el ajedrez geopolítico en una región harto volátil, conflictos étnico-religiosos. Entender lo que ocurre en Siria no es algo sencillo. La realidad es más compleja de lo que parece. Aquí algunos videos para tratar de entender un fenómeno sumamente complejo que ha sido el epicentro de una nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, con el papel protagónico de China, un conflicto que tiene como trasfondo la derrota del neoliberalismo con la llegada de Donald Trump y el ascenso de la ultraderecha en Europa.

Lo que ocurre en Siria es consecuencia de un mapa geopolítico en transformación, donde la reedición de la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, tiene hoy a China como un tercero en disputa a la hora de inclinar la balanza. Pero no sólo eso, ya que tanto el Brexit como el triunfo de Trump marcan la derrota del neoliberalismo frente el ascenso de una derecha autoritaria y populachera de tintes fascistas, no sólo en Estados Unidos, sino también en Francia con LePen y Alemania con PGIDA, países donde habrá elecciones en 2017 y donde la ultraderecha puede ser la gran triunfadora en Europa ante la crisis de refugiados y la violencia yijadista impulsada desde Medio Oriente.

Vaya encrucijada que vive el mundo el día de hoy. Pareciera que el escenario va perfilándose poco a poco para una nueva guerra mundial de grandes proporciones. Pero por extraño que parezca, quizá la llegada de Trump podría darle un respiro a las tensiones entre las potencias, escenario en el que Putin figura como el gran vencedor y el personaje más poderoso del planeta. Aquí una serie de materiales para una reflexión profunda sobre la guerra en Siria y el nuevo orden mundial.

Un arrecife quizá

Arrecife

Ahora solo quedan sedimentos
de aquella noche
en que compartimos la soledad y la cama,
la tibia soledad
de nuestros cuerpos a la deriva,
y nos despojamos del frío
con la misma facilidad con que nos
arrancamos la ropa.
::.


 

Quizá

Quizá contigo
la vida tenga algún sentido
y la música suene mejor
en ese eterno diambular
de nubes teñidas por el sol
y esa extraña
sensación de amanecer.
::.

Palabras

 

Las palabras son puertas
que se abren en la mente
para explorar la realidad
hecha de carbono y artificio.

Las palabras son bichos
fosforeciendo de noche,
aleteando entre sueños
que se disuelven en el aire.

Las palabras son la música
donde resuena el mundo
que se aferra a la vida en los
cóncavos ojos de la muerte.
::.

Matamoscas

 

A veces somos
como las moscas
que se dejan seducir
por la negra luz fatal
que habrá
de achicharrarnos.
::.

Amar es…

Amar es decir
aquellas cosas
que hemos callado.

Es dar la media vuelta
y no volver la vista atrás.

Es desabrocharse
los botones del alma
hasta quedar desnudos
frente al río de la vida.

Amar es dejar de abrazarse
al dolor de caer y caer
sin tocar el suelo.

Amar es perdonarse
y perdonar.

Amar es compartir
una bocanada de aire limpio
y cantarle a la vida
sólo porque sí.

Amar es olvidar
todo aquello que dolía
y es recordar con alegría
lo que nunca pudo ser.

Amar es hablar
con la lengua enamorada
y escribir con la sangre negra
que brota del corazón.

Es darle cuerda al reloj
todos los días
para seguir andando
al son de este mundo caótico
que nunca terminaremos
de comprender.

Pero el amor no se trata
de entender,
se trata de sentir
las punzadas del alma
que nos llegan de repente
sin saber por qué.

Amar es dejarse envolver
en el misterio,
querer con los ojos cerrados,
dejar que el viento
nos pegue de lleno en el rostro.

Amar es lanzarse al vacío
sin medir las consecuencias,
sonreírle a la tristeza,
encontrar la paz en un suspiro
y aprender a decir adiós
llegada la hora.
::.

Sucede que alguna vez…

Sucede

Y las horas
iban sucediéndose
y tu boca
iba seduciéndome
y el amor
iba suicidándose.
::.


 

Alguna vez

Alguna vez fuimos felices,
alguna vez seremos libres.
Igual que ahora.
::.


 

La imaginación habrá de salvar al hombre de sí mismo.
::.

Tríptico poético para recordar que nada permanece

Arreglar

 

Deberías arreglar
las muchas averías
del mundo.

Deberías arreglar
también, las muchas
averías del alma.

::.


 

Arcilla histórica

La historia humana
está hecha de arcilla,
y como cualquier otra
extensión de la memoria
es capaz de perdurar
miles de años
bajo una sábana fósil…
o borrarse para siempre
con una ligera brisa.
::.


 

Vienen y van

En la vida de toda persona
gente viene y gente se va,
unos pocos se quedan,
la gran mayoría se va,
como las aguas del río
en su camino hacia el mar,
que nunca terminan de irse
y nunca terminan de llegar.
::.

 

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