No juzgues, contempla. El arte de la meditación: higiene mental y consejos de Alan Watts para detener el pensamiento

Higiene

Uno de los grandes regalos que me dio mi amada India, fue el hábito de la meditación.

Así como el baño diario es recomendable para limpiar el cuerpo, la meditación diaria es también recomendable para limpiar nuestra mente y nuestra alma, para no dejarnos contaminar con malos pensamientos.

La higiene mental es incluso más necesaria que la higiene corporal. Lamentablemente, en nuestra sociedad y nuestra cultura no hemos desarrollado ese hábito, que nos ayuda a vivir con plenitud incluso cuando nos encontramos inmersos en un ambiente tan tóxico, donde la frustración, la ira, la depresión y la ansiedad son estados mentales cada vez más comunes.

A la larga, media hora diaria de meditación puede cambiar por completo el curso de la vida de una persona.

La limpieza del alma nos permite apreciar la belleza del caos y comprender que todas las cosas tienden al equilibrio, y por lo tanto, incluso las cosas malas son también para bien.

::.


Consejos para meditar

A raíz del texto anterior, hoy me pidieron recomendaciones para iniciarse en la meditación.

Hay muchas técnicas y formas, de distintas tradiciones. Pero al menos en lo que yo he podido experimentar por mi propia cuenta, basta con sentarse cómodamente, cerrar los ojos y simplemente abrir los canales de percepción, para lograr una mente contemplativa que no juzgue, sino que perciba, y pueda así, frenar momentáneamente el ciclo del pensamiento. Cada vez que te asalte un pensamiento, suéltalo y concéntrate en tu respiración, en las sensaciones de tu cuerpo, en el ruido de la calle, el aroma que detecta tu olfato, en lo que hacen tus ojos al interior de los párpados. Explora, analiza, no desde el pensamiento racional, sino a través de la percepción. Contempla, no juzgues. Por un momento, no te preguntes si las cosas están bien o mal, simplemente relájate y observa el espectáculo del mundo. Esta es la puerta para superar la ilusión.

El mundo, al igual que todas las cosas de la existencia, tiende al equilibrio y por lo tanto es perfecto así como es. Vida y muerte son parte de un mismo proceso. Sólo que a veces se nos olvida. Date cuenta de ello. Esa es la única forma de acabar con la ilusión de la separación. Todas las cosas están conectadas. Quien percibe esto, se dirige hacia una mente sana, pues sabe que en el fondo, todas las cosas forman parte de un proceso más grande, y que las cosas que solemos juzgar como buenas y malas son nombres que damos a las partes de un mismo proceso, infinito. Quien se da cuenta que “el todo es uno” a través de la percepción, desarrolla una supermente capaz de fundirse con la naturaleza. Ese es el verdadero yoga.

Hace muchos años leí un par de libros de Alan Watts, y me parece un tipo sumamente claro para explicar estas cuestiones. Les dejo tres videos que pueden revisar ahora en época de pandemia y encierro, sobre todo, si se sienten estresados, ansiosos o tristes por la situación actual. La paz mental es algo suficientemente importante como para dedicarle un poco de tiempo todos los días.

Mi guarida es la noche

Mi guarida
es la noche,
allí donde van
a morir
los miedos,
la vigilia,
las penas.

Me resguardo
en el corazón
de la tiniebla
que me arropa
en las horas
de sueño,
y despierto
por dentro,
desnudo
en el jardín
de lo bello.

Es la límpida
claridad
de la madrugada
respirando
en mi oído
y la nuca
y el alma.

Mi guarida
es la noche,
allí donde moran
las ansias,
el delirio,
los gatos
que gritan
la rabia
del sexo,
todo
el sudor
que no se ve.

Mi refugio
es la risa
de los grillos
cuando cantan
a la luna ciega,
y mis recuerdos
extraviados
se hacen
amarillos
en el álbum
de los amores
pasajeros.

Mi guarida
es la noche,
allí donde llueven
los pájaros
de tanto dolerse,
allí donde todavía
resuena el eco
de sus labios,
allí donde gravitan
en silencio
los cuerpos
cuando se tocan.
::.

Buscar la verdad

Tu tercer ojo: qué es, para qué sirve y cómo activarlo - VIX

“Si buscas la verdad, prepárate para lo inesperado, pues es difícil de encontrar y sorprendente cuando la encuentras”, decía Heráclito.

Quien dice buscar la verdad y sabe de antemano lo que va a encontrar, se está engañando a sí mismo y corre el peligro del fanatismo.

La verdad es dolorosa y difícil de digerir, porque suele contradecir las certezas que nos contamos a nosotros mismos, esas certezas que nos hacen sentir seguros en un mundo caótico.

El buscador de la verdad debe estar fuerte y preparado para encontrar cosas que no le van a gustar, pero al mismo tiempo, esas dolorosas verdades lo harán más fuerte y más comprensivo de su entorno, de sí mismo.

La actitud del fanático es la opuesta: está dispuesto a creer cualquier mentira para sentirse protegido en su zona de comfort. El fanático le tiene terror a la verdad, porque en el fondo y de manera inconsciente, sabe que acceder a ella podría destruirlo: destruir todo lo que sabe, destruir sus certezas más profundas a partir de las cuales construye su propia identidad, su ego.

La gente que se miente a sí misma nunca podrá acceder a la verdad, aunque se la muestres. Ese terror profundo es donde anida el fanatismo. El fanático, en el fondo, es una persona temerosa. Tiene miedo de mirarse a sí mismo tal como es, con todas sus cicatrices e imperfecciones. Tiene miedo de perder sus privilegios, porque si los pierde… ¿qué quedará de él?

La búsqueda de la verdad es una expedición a lo desconocido. Sólo los aventureros más intrépidos serán capaces de encontrar ese gran tesoro, en las inhóspitas selvas de la mente.

Esa es una de las tantas verdades que he logrado comprender, en esta, la aventura de mi propia vida.
::.

El ardiente verano

Es el ardiente verano
de los besos con cubrebocas.

Así fuimos del trueno
al relámpago
en la quietud
de las horas muertas.

La histeria
de Lady Pizza
en la pizzería
de la ira
fue reflejo
de la furia
encarnada
que llueve
sobre el mundo.

Los días tan iguales,
la rutinaria catástrofe
que nos quema los ojos,
la ansiedad de vivir
en el caos,
la promesa de un mañana
que nunca llega.

Es el inhóspito verano
de las caricias a distancia.

La asfixia y el sigilo,
como quien vive
siempre a la deriva,
en el encierro
que no cesa,
el momentáneo
presente al acecho,
la soledad que se respira
en un mar de gente
encapsulada,
llena de recuerdos
y los sueños secos
aún por nacer.
::.

La verdadera trascendencia (más allá de la política)

 

Cómo encontrar la paz mental

Es bueno tratar de entender el mundo en que vivimos. Las disputas políticas son una parte importante de esa comprensión, pues eso nos permite entender y sintetizar los fenómenos sociales, la historia, el dilema humano.

Tener una opinión política, ayuda a orientarnos en un mundo donde abundan las disputas. Pero no se puede obtener la felicidad a partir de posturas políticas. La separación es una ilusión. Y la política es la exacerbación de la separación. Aferrarse a la ilusión es mentirse a uno mismo. La única felicidad posible, se genera al establecer una conexión íntima con la naturaleza. La experiencia mística de disolverse en el todo. Esa es la única forma de acabar con todas las disputas.

No es fácil mantener una mente tranquila en medio de una cruenta guerra de todos contra todos. Pero es la única salida real al conflicto humano.

La verdad es trascendencia. Esa debe ser nuestra meta, más allá de las opiniones políticas.
::.

Esa extraña patología de creer mentiras (o manual del perfecto fanático)

 

Todo el tiempo, mis familiares y amigos me envían “noticias” que ven por ahí para que les dé mi opinión de periodista. La inmensa mayoría de las veces, se trata de noticias falsas que la gente está predispuesta a creer.

El otro día, un conocido me mandó una nota de que López Obrador iba a poner impuestos por tener mascotas. La nota era de un sitio de internet que publica mentiras disfrazadas de sátira. Era tan evidente la farsa, que no hacía falta ni leer la nota. Como el conocido en cuestión sufre una animadversión patológica contra López Obrador (de esos casos que abundan), su capacidad de discernimiento no pudo distinguir entre una mentira publicada en un sitio de internet que abiertamente reconoce publicar información falsa, con una nota seria que tenga algún grado de aproximación a la verdad.

Algo similar ocurre con una gran cantidad de información que familiares míos me hacen llegar, en mensajes que circulan por WhatsApp.

Las mentiras se han vuelto cada vez más comunes en lo que respecta a la información pública por dos razones:

1) La lógica de mercado de internet hace que entre más tráfico tenga un sitio, más dinero genera. Esto es un incentivo económico para fabricar escándalos sin importar su apego a la verdad.

2) Porque diferentes grupos de poder utilizan estas nuevas tecnologías de la información para confundir a las masas y golpear a sus rivales políticos con mentiras e información descontextualizada.

Todo esto lo único que está generando es una enorme confusión, un ambiente de encono y confrontación ante una realidad compleja que, ya de por sí, se presta a múltiples interpretaciones.

En algunos casos, caer en mentiras puede deberse a ingenuidad o una simple confusión.

Pero en los casos más graves, el problema está en otro lado. La raíz de la mentira como patología no está en los medios, sino en la propensión de la gente a creer las mentiras que le satisfacen. Lo más paradójico es que dichas personas, particularmente susceptibles a caer en el FANATISMO, se asumen como CRÍTICOS cuando al mismo tiempo, son incapaces de DISCERNIR si la información que consumen es real o no, y esto se debe precisamente a su propensión a MENTIRSE a sí mismos.

En síntesis, se engañan a sí mismos, porque la mentira les resulta más cómoda de digerir. Extrapolan su desgracia personal hacia afuera, y por ello suelen culpar a agentes externos de su propia desgracia. De ahí que los fanáticos sean tan propensos a asumirse como víctimas de otros, a quienes suelen percibir como enemigos. Ideologías como el fascismo, tan de moda en nuestros días, han sabido explotar esta mecánica social para sus propios fines.

El problema no está en ser crítico. Al contrario, la crítica bien fundamentada es indispensable para ayudarnos a contrastar nuestras propias creencias y a expandir nuestra percepción de la realidad. La crítica está muy bien como medio para poner en duda nuestras certezas sobre el mundo.

Pero no se puede hacer ninguna crítica válida partiendo de MENTIRAS y FALSEDADES. Escupir prejuicios no es hacer crítica. Eso es otra cosa: la reafirmación de la ignorancia.

Eso es precisamente lo que hemos visto en México, de manera muy clara, durante la epidemia de covid-19, donde ha habido un intento orquestado y deliberado de ciertos grupos políticos por desinformar y confundir. Esto ha provocado que la gente invierta mucho tiempo en discutir cosas ABSURDAS QUE CARECEN DE FUNDAMENTO, mientras que las críticas serias suelen pasar desapercibidas, precisamente, porque requiere un esfuerzo para comprender el argumento. Todo lo contrario ocurre con las MENTIRAS, que son fáciles de digerir, porque apelan a las emociones reprimidas que los seres infelices tratan de resolver incluso con afirmaciones carentes de todo sustento. Esto explica la tendencia irascible de los FANÁTICOS.

La VERDAD, en cambio, requiere esfuerzo y búsqueda interna, implica reconocer cosas dolorosas que ocurren dentro de nosotros mismos. Por eso los grandes maestros de la historia, han señalado que la VERDAD está oculta dentro de cada persona. Pero si las personas tienen miedo de mirarse hacia dentro, SEGUIRÁN SIENDO PROPENSOS A CREER MENTIRAS, sin importar que las lean en un periódico o se las cuenten a la almohada.

Pensaba hacer un curso para ayudar a la gente a distinguir noticias falsas, en estos tiempos de confusión, pero reflexionando sobre este tema, me di cuenta que es algo completamente inútil, por lo mismo que comento.

Por ello, haré caso a un consejo que oí recientemente de Lao Tse, y practicaré la no-acción, es decir, dejar que las cosas ocurran, no sin antes compartir esta reflexión que quizá pueda ayudar a alguien a encontrar sentido a este mundo confuso y caótico.

Para los más aferrados, sólo me resta desearles mucha suerte en su mundito lleno de mentiras. La necesitarán.
::.

Apasionado es el que padece

¡Vaya descubrimiento! Escuchando una conferencia de cómo crear personajes, impartida por Guillermo Arriaga, me voy enterando que la raíz etimológica de la palabra ‘pasión’ viene del latín passio, passionis, derivado del verbo pati: ‘sufrir, aguantar’. La palabra pasión es de la familia etimológica de ‘padecer’. Es decir, que toda pasión lleva implícito un sufrimiento, según consideraban los ancestros de nuestra lengua, con la cual percibimos e interpretamos nuestra existencia humana.

Yo nunca había concebido a alguien apasionado como alguien que padece. Pero ahora que lo pienso, creo que tiene algo de sentido. En el budismo, por ejemplo, se considera que la ecuanimidad es un estado mental superior a una mente perturbada por la inercia fatal de las desbordadas pasiones.

De cuando el significado oculto de una sola palabra te revela nuevos planos de la existencia. Magia pura.

Me gustó la charla de Arriaga. “El arte no juzga, presenta”, afirma el novelista y guionista.

::.

Fundamentos de ciencia política (para discutir con argumentos)

Desde hace ya un rato, he visto una enorme confusión en la discusión de temas políticos en redes sociales, sobre conceptos básicos. Por ello, y a la luz de acontecimientos recientes, me propuse a dar una pequeña charla con conceptos básicos de ciencia política, con el objetivo de promover un debate con más argumentos y menos insultos.

Aquí está el video con la charla que ofrecí en Facebook live, y más abajo dejo los conceptos básicos que usé para mi exposición. En general son conceptos propios, que construí gracias al trabajo de muchos otros autores y algunas búsquedas en la web, con el objetivo de que tuvieran menos terminología académica y al mismo tiempo resultaran prácticos para el gran público. Espero sirva de algo.

:

Estado

Forma de organización que busca resolver los conflictos entre los diversos grupos que conforman una sociedad en un determinado territorio. Tiene el monopolio legítimo de la fuerza. La formación del Estado implica el nacimiento de la civilización, junto con la escritura y la ley.

-El Estado es consecuencia de un pacto social o un acuerdo social. En los Estados modernos este contrato social se plasma en la constitución y el marco jurídico.   

-El Estado moderno se suele dividir en tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

 

Gobierno

Es la autoridad que dirige y administra al Estado.

 

Régimen político

Conjunto de instituciones que regulan la correlación de fuerzas y las relaciones de poder entre los diversos grupos. Estas instituciones pueden formar parte o no del Estado. (narcotráfico, medios de comunicación, cúpulas empresariales).

 

Autoridad

Depende de la legitimidad de quien ejerce la autoridad. La legitimidad es dada conforme a un arreglo de valores propios de cada sociedad (tradición, emotividad, racionalidad, intereses). La legitimidad la otorga la comunidad política, y por ello se dice que la soberanía reside en el pueblo.

 

Autoritarismo

Es una forma de ejercicio de poder en que la autoridad toma y realiza acciones sin el consenso de la comunidad política.

 

Dictadura

Es un Estado de excepción en el que la autoridad suspende los derechos ciudadanos en momentos especiales, para hacer frente a amenazas excepcionales como la guerra. Se aplicó por primera vez en la antigua Roma.

:


Economía política

 

Feudalismo

Conjunto de instituciones que respaldan compromisos generalmente militares, entre un hombre libre (vasallo) y la nobleza. Asociado a la tenencia de la tierra y las obligaciones con el señor feudal.

 

Capitalismo

Sistema económico y político basado en la acumulación de riqueza como consecuencia de la propiedad privada del capital como herramienta de producción. El capital es una propiedad que genera plsuvalor (ganancia).

 

Comunismo

Sistema político caracterizado por la propiedad común de los medios de producción y la abolición de la propiedad privada.

 

Socialismo

Sistema que se define en función de la propiedad social de los medios de producción y autogestión de empresas por parte de trabajadores.

::.

Cuarentena

Todo se volvió lejano.

Y aprendimos que la vida
era secarse los ojos
en las sucias pantallas
del teléfono, la computadora
y el televisor.

Que vivir, reclusos de la mentira,
del miedo, el escándalo y la ira,
simplemente no es vida.

Y estuvimos atentos,
siguiendo la pista
de la nueva catástrofe,
la tragedia de moda,
la última infamia asesina
que contamina por igual
el cielo y el alma.

Nadie parecía reparar
que la soledad en línea
es peor enfermedad
que cualquier virus.

La hecatombe se convirtió
en “nueva normalidad”:
la cárcel del cuerpo
el naufragio del hombre
la ruina del tiempo.

Fue así que la prisión preventiva
se volvió la nueva morada
de nuestra especie.

Todo se volvió distante
en los días de guardar,
la ansiedad sin pastillas,
el calor, la peste, el hastío,
todos los gritos que no se ahogaron
en un sediento vaso de alcohol.

Y los demonios
de las mil cabezas
destilaban su ira al unísono,
escupiendo veneno
a la menor provocación,
repitiendo maldiciones
adquiridas,
que ni siquiera entienden.

Todo sea para calmar el fuego
que quema desde adentro,
el fuego voraz
que sube desde la entraña
a la herida.

Fueron los días de la peste:
enmohecida, brumosa y callada,
detenida,
no tan letal como el odio
y su lenta agonía
que todo lo que toca, marchita.

Fueron los días
del virus viral que todo lo devora
a su paso:
la noche, el día,
la calma, el sueño,
la esperanza idiota de un mañana
de puertas abiertas que nunca llega,
la esperanza de un mañana
insoportablemente igual
a los célebres restos del ayer.
::.

El fundamentalismo y la Verdad

 

FANATISMO

 

El fundamentalismo, según Wikipedia, “es el nombre que recibe la corriente religiosa o ideológica que promueve la interpretación literal de sus textos sagrados o fundacionales, o bien la aplicación intransigente y estricta de una doctrina o práctica establecida”.

El problema del fundamentalismo es que rara vez, el mundo tan complejo y contradictorio en el que vivimos se ajusta al pie de la letra a los dogmas que promueven sus doctrinas, mismas que algunos de sus fervientes seguidores suelen tratar de imponer a otros.

El fundamentalismo ha experimentado un crecimiento considerable en los últimos tiempos, porque la gente busca llenar sus vacíos existenciales con ideologías. Cuando la ideología va acompañada de un dogma (una proposición innegable dentro de un sistema de ideas) que a su vez busca imponer una creencia a otros, la historia nos muestra que ese proceso trae problemas y momentos amargos.

El mundo de hoy, en evidente crisis civilizatoria, ha sido terreno fértil para la proliferación del fanatismo y el fundamentalismo, ante la desesperación que experimentan muchas personas para tratar de encontrarle sentido al caos imperante en que vivimos.

A mí me gusta la magia, precisamente porque más que una doctrina como tal, es una forma de percepción y entendimiento del mundo que permite convertir la mierda en oro.

El fundamentalismo, en cambio, suele convertir cosas buenas en algo terrible. Está lleno de buenas intenciones y consecuencias lamentables para quienes lo practican.

El mundo convulso en que vivimos está lleno de fanáticos, y ese fanatismo es peligroso porque nubla y ciega cualquier intento de conocer la Verdad. Yo entiendo la Verdad como aquello capaz de darle coherencia y sentido a todas las cosas, un peculiar estado anímico que ayuda a establecer conexión con la fuente primordial, de la cual emana la energía vital, la energía eterna.

Como no voy a cambiar la manera de pensar de los fanáticos (ya lo aprendí), quienes a su vez llevan su propio proceso, sólo me queda hacer una revisión introspectiva, para tratar de entender por qué me causa tanta molestia el fundamentalismo que impera a mi alrededor. Esa es la verdad que yo busco. La verdad interna. La única que podemos conocer y que, mágicamente, nos ayuda a restablecer conexión con todas las cosas, porque al final, el Todo es Uno, y la división es tan solo una ilusión.
::.

La gesta

Yo vivo en otro tiempo,
el tiempo de la eterna dicha.

Abre los ojos, date cuenta
que todos los días nace el sol.

No te quedes ahí, lloriqueando,
por todo aquello que perdiste.

Un verdadero guerrero
se vuelve inmortal
en el campo de batalla.

Prepárate, que todavía llueve
la sangre del mundo sobre nosotros:
y mañana seremos leyenda.
::.

7 consejos para estructurar una historia de ficción

Llevo ya algún tiempo aprendiendo los secretos de la narración. Me interesan las historias redondas, coherentes, sorprendentes, conmovedoras. Aquí algunos trucos y consejos para desarrollar una historia de estas características, desde:

  1. El Viaje del héroe de Joseph Campbell
  2. Las 31 funciones narrativas de Vladimir Propp
  3. Las 22 reglas de Pixar para una buena historia
  4. Consejos para finales sorprendentes
  5. Las 2 tramas (secreta y visible) de una historia
  6. Creación de personajes
  7. Villanos arquetípicos

Bailarina

Bailarina

Del amor y otros desvaríos

 

Día mundial del medioambiente: Pedagogía verde: aprender y crecer ...

Tras leer algunos datos sobre la vida del granjero Luther Burbank, “creador de frutos y flores”, me quedé pensando que metafóricamente hablando, la creación de frutos y flores requiere amor. En todas las tradiciones, de todas las culturas -al menos las que yo conozco- los grandes sabios y profetas han predicado siempre el amor como el camino para conectar con lo sagrado. El amor es la puerta del cielo.

Cuando pasé tres años escribiendo sobre medio ambiente, me volví ‘hippie’ de tiempo completo. Adentrarme en temas como la biodiversidad, abrió mi corazón de par en par. En aquellos años no tenía mucho dinero, pero me sentía muy conectado con lo que estaba haciendo, tratando de entender la naturaleza. Me volví vegetariano por aquellos entonces. Ejercí la compasión lo más que pude, pero me faltaba fuerza para resistir los golpes de la vida. La compasión sin fuerza, es sinónimo de debilidad. Fue un proceso muy difícil, entender estas dolorosas verdades. Se necesita tener el pellejo duro para poder vivir sin armadura en un mundo de lobos siempre al acecho. Ahora caigo en cuenta que quizá por ello, de manera inconsciente, empecé a practicar kung fu por aquel entonces, buscando la fuerza espiritual que me hacía falta. Por eso, cuando morí y renací en aquella etapa de la vida -pues pasar de nivel en el videojuego de la vida implica siempre una muerte y un renacimiento ritual- reencarné con el cuchillo en la boca, nací armado y ataviado para la guerra, como Huitzilopochtli, el colibrí azul. En el proceso me volví duro, severo, implacable, y me sirvió mucho para crecer y aprender a lidiar con algunos obstáculos que era necesario enfrentar. Pero después de tantos años en la guerra, advertí que mi comportamiento se había vuelto más agresivo hacia los demás, como un reflejo natural de todo ese proceso. Desde que noté aquello, he trabajado en esculpirme a mí mismo para perfeccionar los errores, cual artesano de mi propio destino. En el camino, tuve un impulso muy fuerte de reencontrarme con el viaje, y decidí irme a la India. Muchas personas me advertían que no fuera, por aquello del coronavirus. Fiel a mi costumbre, no les hice caso, y seguí sólo el llamado de mi propio corazón. Pese a los problemas que surgieron en el camino -porque en la vida siempre surgen problemas y es bueno que eso suceda- la experiencia me ayudó a reconectarme con la naturaleza. El viaje vertiginoso se vio interrumpido cuando la histeria del mundo me alcanzó hasta el Himalaya y me vi obligado por las circunstancias a pasar mes y medio encerrado en un ashram, a orillas del río sagrado del Ganga. Dicen que quien se baña en las aguas de ese río, se limpia por dentro, y yo soy fiel testigo de ello. Por eso traje conmigo un poco de las aguas sagradas y medicinales del Ganga, para compartir con aquellos que la necesiten, aunque algunas personas sólo puedan ver en ellas “agua con meados”. La percepción es forjadora del propio destino, como también vi ahora en el segundo episodio de The Last Dance, cuando después de una fractura que amenazaba con acabar su prometedora carrera, Michael Jordan no hizo caso a los medrosos personajes que estaban a su alrededor, y a base de esfuerzo y concentración hizo lo que tenía que hacer: convertirse en el mejor basquetbolista de todos los tiempos.

El caso es que aunque el regreso a la “normalidad” después de un viaje largo siempre es difícil, pues uno ve las mismas cosas desde otra percepción, me siento muy tranquilo y contento de haber tenido oportunidad de vivir esta nueva etapa en mi vida. Veo mucha gente llena de miedo, y me da un poco de tristeza por ellos, pero también entiendo mejor que cada quien vive su propio proceso, a su propio ritmo, y uno no puede hacer nada al respecto, más allá de cumplir con la misión para la cual hemos sido elegidos para realizar el propósito de una inteligencia superior, la inteligencia de la sagrada naturaleza que nos susurra en el corazón.

En toda esta vorágine de enorme confusión, noticias falsas, conflictos políticos e intentos desesperados por salvar al mundo, pienso que no hay cosa mejor que uno pueda hacer que ejercer el amor hacia todas las cosas. En nosotros queda no dejarnos contaminar por un ambiente tan tóxico. El amor es la clave: amar más fuerte, más lejos, más alto, amar sin apegos, sin rencores y sin odios, como mandata el verdadero amor. Amor a los otros, amor a la tierra y el cielo, amor a los árboles y los pájaros y los insectos y las piedras, amor a diestra y siniestra, de noche y de día, amor en ayunas y a deshoras, amor y poesía, y nada más.

Es todo lo que el mundo necesita.
::.

El viaje

El viaje es al mismo tiempo una magia y una medicina poderosa.

El arte de la narración consiste en recrear el viaje ritual que conduce hacia el centro de nosotros mismos.

Las historias verdaderas son aquellas que hablan el idioma del sueño.
::.

Las implicaciones históricas y geopolíticas del covid-19

 

Leo muchos comentarios sobre las implicaciones históricas del covid-19. Algunos aseguran que esta advertencia deberá acercar más al ser humano con la naturaleza, mientras otros presagian el fin del capitalismo.

Yo todavía no creo que haya razones para pensar que la actual crisis hará al mundo cambiar en esa dirección, aunque sin duda, representa un escalón interesante en el desarrollo de una nueva conciencia colectiva. Sin embargo, ese gran salto se dará de manera mucho más gradual de lo que algunos creen.

El sistema-mundo actual experimenta un cambio en las relaciones geopolíticas con el auge económico de China y otras potencias emergentes como India, dentro de la lógica de acumulación capitalista. Esto, desde luego, implica un cambio en el tablero histórico, pues la hegemonía de Occidente está en claro declive.

Sin embargo, desde una revisión más profunda, podemos señalar que la construcción del Estado-nación fue consecuencia de un proceso histórico de expansión comercial y acumulación de riqueza, que reconfiguró las estructuras sociales del feudalismo. De este modo, fue que las burguesías conquistaron el poder político. Y en todo este proceso, el papel de los bancos como epicentro de la acumulación, juega un rol protagónico. La modernidad marca justamente eso, el cambio de paradigma de una economía feudal regulada por la religión, a una economía financierista regulada por el nuevo saber instrumental de la ciencia. La Revolución Industrial, como buena hija de la modernidad, es consecuencia de esta financiarización del mundo moderno.

Las tensiones geopolíticas de la actualidad y la expansión de China, se ven reflejadas en el auge de sus bancos. Los cuatro bancos más poderosos del mundo son chinos, según el número de activos totales, según el índice de S&P Global en 2020. Aunque los bancos de EE.UU. siguen figurando entre los más poderosos del mundo, su declive frente a los bancos estatales chinos es evidente en prácticamente todas las mediciones serias que uno pueda consultar.

La crisis del covid-19 fortalecerá y acelerará esta tendencia, pues China no entrará en recesión como sí lo harán EE.UU. y Europa, según las estimaciones más recientes del Fondo Monetario Internacional.

De este modo, es posible que la pandemia del covid-19 constituya un punto de inflexión en las relaciones geopolíticas y la construcción de un nuevo orden mundial, diferente al proyecto de la globalización basado en el neoliberalismo. De este modo, creo que podríamos equiparar la crisis actual del covid-19 en términos geopolíticos, a fenómenos como la caída del Muro de Berlín (que marcó la derrota definitiva de la URRS frente a EE.UU. en la Guerra Fría) o los ataques del 11 de septiembre.

Pero no veo, en el horizonte cercano, que se esté gestando un cambio estructural de fondo. En la primera década del siglo XXI, se pensaba que la revolución tecnológica del internet podía ser ese pivote que diera un giro definitivo a las estructuras del mundo. Pero lo que hemos visto en la última década, es lo contrario: un proceso de privatización e industrialización del internet que, lejos de acabar con el capitalismo, lo ha llevado a una nueva etapa de acumulación de riqueza, en lo que algunos autores llaman el ‘capitalismo de datos’. Asimismo, hemos visto un proceso de fragmentación de la red, con la imposición de fronteras y muros digitales, que muchos especialistas no preveían en un inicio.

A menos que el covid-19 genere un efecto dominó que derrumbe las estructuras del sistema financiero (cuya fragilidad es creciente debido al psicótico mundo de la especulación bursátil y los mercados de derivados), no veo todavía elementos suficientes para hablar de un cambio de paradigma. Todo parece indicar que los patrones de acumulación de riqueza seguirán intactos durante algunos años más.

Y creo que en buena medida, este cambio de paradigma se ha visto estancado ante la ausencia de un proyecto filosófico que replanteé el papel del hombre en el mundo, como en su momento se lo llegó a plantear la modernidad Europea. El mundo de hoy, carece de un proyecto de futuro. Eso explica también el éxito que tienen las populacheras profecías del fin del mundo en la cultura occidental. Y al mismo tiempo, algunos sectores críticos se siguen aferrando a las herramientas de la modernidad para tratar de cambiar las cosas, herramientas como la economía, la ciencia y el mito de la razón absoluta. Esto genera que, por ejemplo, buena parte de la discusión sobre las energías renovables siga atada a la lógica financierista y cientificista de la modernidad.

Yo creo que no habrá futuro posible si antes no construimos un nuevo mundo desde los cimientos, desde un replanteamiento profundo sobre lo que significa realmente la existencia humana. Ese, insisto, es el gran proyecto intelectual de nuestro tiempo, el trampolín que nos habrá de conducir hacia un mundo nuevo.
::.

Ciencia y espiritualidad en tiempos del covid-19

 

De niño tenía un sueño recurrente, difícil de describir. Las imágenes eran difusas y más bien se trataba de un sueño sensorial, en el que había un gran grito que hacía que las cosas a mi alrededor se volvieran muy grandes, lo cual me llenaba de angustia, y, acto seguido, había una voz diminuta, casi un susurro, donde todo el entorno se volvía acogedor y me sentía seguro. Por aquellas fechas asistía a clases de religión, dentro de la tradición católica. Mi curiosidad hacía que preguntara muchas cosas a las personas que impartían el catecismo. A los 8 o 10 años, me leí varios libros de la Biblia, aunque la enorme cantidad de nombres y referencias hizo que me perdiera un poco en un océano de simbolismos para el cual no estaba yo preparado. Recuerdo que por aquellos tiempos, yo estaba convencido de que si uno lo pedía con suficiente energía, era posible que Dios escuchara tus rezos y pudieras hacer que una montaña se echara al mar. Los años siguientes fueron una serie de desencuentros en este sentido, pues por más fuerza que imprimía a mis comunicaciones divinas, estas no tenían respuesta satisfactoria.

En secundaria, conocí la ciencia. Fue un enorme descubrimiento para mí. Cuando conocí la manera en que funcionaba el método, sentí que había sido engañado durante años. Mi escepticismo adolescente se reforzaba cada vez que entraba a hacer prácticas de laboratorio. El profesor de aquel entonces, parecía advertir mi interés, y era yo el favorito de su clase. En ese entonces yo no lo sabía, pero que esa época fue decisiva en mi formación como periodista, pues me enseñó a dudar de todo, incluyendo esa cosa que algunos llamaban Dios, a quien terminé decapitando en mi interior, donde los falsos dioses no tenían cabida. Pasaron varios años en que yo creía que la ciencia era una vía capaz de explicar la totalidad de la existencia humana. Si no había un argumento racional y científico detrás de ciertos fenómenos, simplemente los desechaba.

Años más tarde, mi vida dio un giro drástico que me hizo conocer otras formas de entender el mundo. Comencé a trabajar y sobre todo, a devorar libros. La literatura me permitía un entendimiento diferente de la realidad, más íntimo, que me ayudó a comprender mejor la conexión entre las emociones y el mundo exterior. Por aquellos años, tendría yo unos 18, experimenté una fascinación extraña por contemplar la naturaleza. Recuerdo una ocasión en que me quedé como hipnotizado sintiendo la transparencia de los árboles, su respiración secreta. Era un estado como de ensueño que nunca había experimentado, al menos conscientemente, similar a la embriaguez, un cierto estado de aletargamiento y disfrute con las cosas diminutas. Ese fue quizá mi primer acercamiento con otro tipo de percepción. Y sin embargo, yo seguía aferrado a la ciencia como medio para entender el mundo. Pasaron los años. Rencuentros, desencuentros y muchas experiencias en el camino. Con el paso del tiempo sentí que la ciencia era un sistema incompleto que no alcanzaba a llenar mi curiosidad del mundo. Empecé entonces a dudar, y me volví agnóstico, es decir, alguien que no niega la existencia de Dios, pero reconoce que hay algo que no conoce. Agnóstico significa eso: el que no conoce. Entonces el azar y el destino, conspiraron a mi favor. En una noche de cantina y bohemia literaria, platiqué con el Adampol y ahí se decidió que había que surcar el continente americano. Fue algo muy espontáneo, sin forzar nada. Yo sentía una enorme necesidad de dejarlo todo y salir a surcar el mundo, más allá de las fronteras de mi país. Aquel viaje a través de América Latina cambió mi vida. Uno de los episodios más significativos, aconteció bajando las escaleras de Machu Pichu, la ciudad sagrada de los incas. Yo llevaba varios años tratando de escribir poemas, pero no podía. Los versos que escribía eran terribles. Sentía que había un nudo que no me dejaba avanzar. Y fue ahí, en un peculiar estado de trance con rumbo al pueblo de Aguascalientes, en las montañas peruanas, que las palabras empezaron a fluir como cascada. A partir de ese día, me convertí en poeta.

Al término del viaje, regresé a la Ciudad de México y luego fui con mi madre a visitar a mi hermano a Texas, donde él vivía. Ahí nos mostró unos videos de Alejandro Jodorowsky haciendo psicomagia. Yo todavía tenía algunos rastros cientificistas en mí, pero aquello que decía el místico, me hacía sentido con muchas fuerzas que yo había experimentado a lo largo del viaje, y que la ciencia no me podía ayudar a explicar, como por ejemplo, el día que recibí 20 dólares de una desconocida en un parque de Perú, para continuar mi viaje, un acontecimiento mágico para el cual, las explicaciones de la realidad material no bastaban. Durante el viaje también había experimentado por primera vez con sustancias psicodélicas como el LSD, lo cual me ayudó a comprender de manera más clara que había otras percepciones de la realidad. Pero fue a partir de esa iniciación de Jodorowsky, gracias a mi hermano, que empecé a adentrarme en el terreno de lo místico. Leí muchos libros de chamanismo y antiguas tradiciones. Mi tesis de licenciatura, está influenciada por mis investigaciones de aquella época, en la que también me inicié en el estudio de la kabballah, gracias a mi tío el Jimmy, de quien también aprendí algunas cosas de astrología y esoterismo. Eso fue hace una década, por allá del 2010. Desde entonces, he seguido con mis estudios en el mundo de lo invisible, a través de prácticas como temazcales, peyote, y la comprensión de los rituales, cuyo propósito es ayudar a las personas a reescribir el código con el que opera la mente, mediante el lenguaje del inconsciente, el idioma del sueño, cargado de simbolismo. En 2012 empecé a practicar kung fu con mi sufu Luis René Cervantes, y descubrí otra forma de entender el cuerpo y la espiritualidad como un mismo proceso. Aquello cambió mi vida y desde entonces, la práctica del kung fu y el estudio del taoísmo se ha vuelto parte inherente a mi ser. En la maestría conocí a los clásicos de la hermenéutica y redescubrí a autores como Jung y Eliade, que me ayudaron a profundizar en estas cosas, presentes en los grandes mitos que han ayudado a articular la conciencia colectiva de los pueblos.

Ahora en 2020, ha sido todo un descubrimiento adentrarme en los misterios del yoga. No era precisamente lo que venía yo buscando al viajar a la India. Pero si algo he aprendido a lo largo de todo este recorrido, es que las cosas siempre pasan por algo. Se llama sincronía. Por alguna razón, el universo conspiró a mi favor para permanecer encerrado durante un mes en un ashram en Rishikesh, la capital del yoga, tras haber leído el Bhagavad Gita y adentrarme en la simbología del hinduísmo. Platicando con los babas y leyendo a renombrados yoguis, se ha abierto una nueva dimensión de la percepción, a través de un conocimiento profundo de la verdad.

Cuando leo los comentarios sobre el coronavirus, y la idolatría hacia la ciencia que impera en el mundo actual gracias a la propaganda de los medios, suelo pensar que este es precisamente uno de los puntos nodales para mantener cautiva a la gente en la realidad material. Amo la ciencia y creo que es un saber muy poderoso y necesario para el mundo. Pero también conozco sus limitaciones, y por lo mismo, es absurdo pedirle a la ciencia que se ocupe de cosas que no es capaz de hacer. El entendimiento de la realidad material es necesario para el desarrollo de la conciencia pero existen estados de percepción que van más allá de la realidad material. Los verdaderos artistas lo saben bien, pues comparten un estado de percepción similar al de los grandes místicos. A final de cuentas, todas las culturas ancestrales han llegado a las mismas conclusiones por diferentes caminos: la única realización y libertad posible en torno a la existencia humana, consiste en fundir el espíritu individual con el reino de lo eterno.

Por ello sostengo, sin temor a equivocarme, que la resacralización del mundo es el gran proyecto de nuestra época. Mientras no demos el brinco de conciencia, y sigamos atados a la realidad material, no importa cuál sea el nombre de la próxima superpotencia global, pues el resultado será el mismo. Ha llegado el tiempo de la trascendencia. Y la pandemia del covid-19, puede ser un buen punto de inflexión para ello, si estamos atentos al llamado de la naturaleza, que es al mismo tiempo, el llamado de Dios.

Esa es mi muy particular manera de entender la espiritualidad humana.
::.

El árbol y el muro

El árbol tiene
el poder de la paciencia.

Sus raíces rompen
el duro concreto
poco a poquito,
meditando
en silencio.

El árbol nació
entre los muros viejos,
como un equilibrista
desafiando
el precipicio.

Echó raíces
entre ladrillos,
moliendo el tiempo
como quien
alguna vez soñó
la alegría del sol.

Era un hermoso árbol
junto al río,
con sus ramas secas,
despuntando
en primavera.

Mis recuerdos
son ahora
arborescencia.
::.

Encierro

Dadme un poco de poesía,
encierro,
que yo haré con tu perfume, canto,
¡alabada sea la palabra!
que se hizo fuego y destino
en los sueños-tormenta
del imponente tigre de bengala.

Dadme un poco de frío,
encierro,
para sobrevivir al calor
de la sangre que aúlla, temblorosa,
en las noches sin luna
que se cuelan tan adentro,
como quien se pierde en un mar
de besos machacados.

Dadme un poco de dulce soledad,
encierro,
para que pueda charlar conmigo mismo
sin la premura cotidiana de la vida,
y su azaroso tren
que nunca cesa.

Dadme un poco de aire,
encierro,
que con mi aliento de poeta
convertiré la quietud del tiempo
en un derrame de flores,
lamiéndome el alma,
como cuando llueve
bajo la piel.

Dadme un poco más de ti,
encierro,
para disfrutar la música del silencio,
el caudal del río que va y viene
a ninguna parte,
porque yo lo amo así, como es,
a este mundo decadente y obsceno
donde siempre germina
la esperanza.
::.

La sabiduría del baba

Baba.jpg

I
Las personas son como la leche

 

“Baba, ¿por qué hay personas que no entienden?”, preguntó Mariska al sabio.

El viejo baba respondió que las personas son como la leche.

De un litro de leche, apenas el 25% es leche auténtica, el resto es agua. Cuando cocinas la leche y la pones bajo la lumbre, solo un pequeño porcentaje de esta, se convierte en ‘ghee’, la mantequilla más pura, usada como ofrenda a los dioses en antiguos rituales.

Para el sadú, solo unas pocas personas son como la leche: almas que buscan la verdad. El resto son insustanciales, como el agua, seres que se mienten a sí mismos. Y de entre las personas inquietas que son como la leche, solo unas pocas pueden refinarse lo suficiente hasta ser purificados, como el ‘ghee’.

Las personas verdaderas son como la leche. Pero sólo unos pocos serán dignos de ofrendar su alma a los dioses.
::.


 

II
La furia de Kali

 

Mariska también le preguntó al sabio sobre la diosa Tara, la estrella.

El baba relató que Kali, la diosa madre del hinduismo, fue creada por Brahma para exterminar a los demonios que asolaban la tierra. Kali, furibunda y apasionada, despedazó a los demonios con su imponente fuerza. Pero la diosa, imparable, se volvió adicta a decapitar demonios y otros seres. Fue entonces que los dioses, Visnú y Shiva, se reunieron para discutir cómo calmar la furia de Kali, cegada por su insaciable sed de sangre.

Recordé de pronto, que yo tuve una novia como Kali. Me interesó saber qué habían resuelto los dioses, y le pedí a Mariska que me siguiera narrando la historia, tal como le fue contada por el baba.

Resulta que Visnú y Shiva decidieron someterse a la furia Kali. Se disfrazaron de demonios y se recostaron sobre el suelo, para dejarse vencer por la intempestiva mujer. La diosa aplastó a los dioses con el pie, y levantó el brazo en señal de triunfo, lista para degollarlos. Fue entonces que Shiva aprovechó la oportunidad, para convertirse en cobra y asustar a Kali, valiéndose de su imponente presencia.

La diosa se dio cuenta que su víctima era en realidad el dios Shiva, y cobró conciencia de la verdad y sus propias acciones. Kali se iluminó y su convirtió en estrella, en la diosa Tara. Desde entonces brilla en el cielo, purificada, libre de ira.

“Yo intenté lo mismo con mi exnovia”, le comenté a Mariska. “Sólo que quizá falló mi transformación en cobra”.

Moraleja: tengo que practicar más mis movimientos de cobra.
::.


 

III
La puerta del cielo

 

El baba también contó a Mariska que Rishikesh es el lugar donde las personas vienen a buscar la conexión con lo divino, el lugar donde uno se sienta a meditar para disolverse en lo eterno. El baba cuenta que cuando los reyes venían a este lugar, se convertían en seres ordinarios por un momento, dejaban a un lado sus riquezas y se sometían a las fuerzas de la naturaleza y la instrucción de los sabios, para poder conectarse con Dios.

Pero también le contó que la ciudad de Hardiwar -que se encuentra a una hora de camino de Rishikesh- es en realidad un portal donde empieza el camino al cielo.

Pero así como Hardiwar es el portal que conecta la tierra con el cielo, también es un lugar donde el velo de maya es muy fuerte: la gente ambiciona el dinero, los placeres materiales. Por ello, antes de alcanzar el cielo, la gente debe bañarse y beber de las aguas sagradas del río Ganga.

Pero Hardiwar es apenas el inicio de la travesía. Una vez iniciado el trayecto, se pasa por otros lugares sagrados, como Kedarnath, pueblo ubicado en la coordillera del Himalaya. Ahí, en las montañas, justo donde comienza la escalera al cielo, vivía un hombre con su esposa y sus cinco hermanos. Todos ellos decidieron transitar las peligrosas escalinatas, que atraviesan nevadas cumbres y pronunciados precipicios. El camino es tan peligroso que por eso muy pocos llegan al cielo. Aún así, el hombre, acompañado de los suyos, decidieron emprender la travesía. La primera en morir fue la esposa, al caer por un precipicio. El hombre se entristeció pero siguió caminando. Uno a uno, sus cinco hermanos también cayeron al abismo, hasta que se quedó solo, pero el hombre siguió adelante, sin mirar atrás. Fue entonces que el hombre se encontró con un perro en lo alto del camino. El can le acompañó durante la dura travesía y también lo guió por algunos senderos secretos. Ambos sortearon grandes peligros. El hombre se encariñó con el perro, que se convirtió en su amigo, su fiel compañero. Finalmente, el hombre y el perro llegaron a las puertas del cielo. Los dioses permitieron la entrada del hombre pero prohibieron el ingreso del perro. “Tú puedes pasar, pero el perro no”, dijeron los dioses.

El hombre se negó a entrar al cielo sin su amigo.

“Si el perro no puede entrar, yo tampoco, porque él me guió hasta aquí”, dijo el hombre. Fue entonces que el perro se convirtió en el dios Visnú, el preservador, y todos juntos lograron ingresar al cielo.

Esa es la historia que el baba relató a Mariska. A ella le sorprendió que el hombre decidiera no entrar al cielo sin el perro, aún cuando en el accidentado trayecto perdió a su esposa y sus hermanos.

El perro, símbolo de la nobleza y la compasión, era en realidad Visnú. Para entrar al cielo uno tiene que dejarse guiar por el instinto, la desinteresada bondad que caracteriza a los perros, y vive también en el corazón de las personas.
::.

A %d blogueros les gusta esto: